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XVII Encuentro de Juniores

 

 

Configurados con Cristo, obediente al Padre (Búsqueda de la voluntad de Dios y disponibilidad filial).

El fin de semana del 3 al 5 de marzo las junioras MAR que residimos en España tuvimos la oportunidad de participar en una intensa jornada de reflexiones en torno al voto de obediencia, en lo que fue el XVII Encuentro de Juniores/as organizado por la Escuela Regina Apostolorum  (ERA) y con el respaldo el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR).

El viernes por la tarde iniciamos con un momento de oración y la seguida  intervención del P. Juan María Ilarduia, ofm, que nos compartió lo que llamó una “caricaturización” de los modelos de comunidad presentes en la vida religiosa:

  • Modelo de  observancia, en el que la religiosa ejemplar es aquella que cumple las normas y tradiciones, dándole a esto el máximo valor.
  • Modelo de autorrealización o liberal, en el que  la religiosa ejemplar es la que busca y alcanza sobre todo la propia realización.
  • Modelo de empresa, en la que la religiosa ejemplar es aquella que cumple con fina eficacia las tareas que  se le asignan.
  • Modelo de estufa o nido, en el que todos los individuos de la comunidad viven desconectados del entorno, preocupándose sólo por  la vida interna del grupo.
  • Modelo polarizado por la inserción, en el que la religiosa ejemplar está totalmente implicada en la acción pastoral-social  pero con un déficit profundo de atención a la interioridad.
  • Y por último, modelo de la comunidad que camina hacia la comunión, experta en discernimiento, en comunión fraterna y en la misión práctica de la misericordia, buscando siempre el equilibrio entre sus polos.

En el trabajo de grupos que siguió a la ponencia intentamos ubicar nuestras experiencias comunitarias dentro de estos modelos y se compartieron sugerencias para caminar hacia el modelo de comunión. Después de la puesta en común nos despedimos con la oración de cierre, hasta el día siguiente

La jornada del sábado contó con las ponencias de Joseba Kamiruaga, cfm, y Pablo Largo, cfm. El primero nos propuso Un estilo evangélico de la obediencia en la Vida Religiosa, en el que nos recordó que una de las claves básicas para la obediencia es el escuchar, en primer lugar a Dios, a su Palabra; en segundo lugar a las propias convicciones, formadas y maduradas responsablemente en el encuentro cotidiano con Aquel que nos ha llamado;  en tercer lugar al mundo, a sus luchas y angustias; y en cuarto lugar a la propia familia religiosa, mediadora y acompañante en nuestro camino de seguimiento.

Especificó que lo decisivo de la obediencia, lo que le da valor, no es en modo alguno la renuncia a la propia voluntad sino la adhesión libre, amorosa e incondicional a la voluntad de Dios, lo que implica vivir como peregrinas, saliendo siempre de nosotras mismas.

En el trabajo de grupos nos cuestionamos acerca de los retos y desafíos en la comprensión y vivencia comunitaria del voto de obediencia; allí salieron a relucir una vez más las palabras escucha, discernimiento y diálogo.

En la tarde el P. Pablo Largo nos habló sobre la Obediencia del Siervo de Yhwh. Señaló que Jesús también tuvo que vivir la obediencia como proceso de aprendizaje, ejercitándose continuamente en la escucha y en el discernimiento de las mediaciones, acogiendo algunas (Vida en Nazaret, diálogo con Herodes, diálogo y petición de la mujer sirofenicia) y rechazando otras (Simón Pedro en su intento de cambiarle el rumbo y el Sumo Sacerdote).

La obediencia de Jesús no se ciñó a actos puntuales sino que constituyó un estilo continuo, la marca de toda su trayectoria, desde el “Heme aquí” de su Encarnación hasta la muerte de cruz. Este abandono total a la voluntad del Padre, a veces de forma dolorosa como señala Hebreos 5,8, tuvo un desenlace salvífico que alcanzó a toda la humanidad (Rom 5,19).

En el trabajo de grupos examinamos las facilidades y dificultades que nos encontramos en la vivencia de la obediencia. Entre las dificultades sobresalieron la falta de diálogo, el autoritarismo de algunos superiores, las resistencias y la falta de libertad. Entre las facilidades destacaron el discernimiento, la confianza fraterna, la delicadeza y el testimonio comunitario.

El día de trabajo terminó con el rezo de vísperas, en el que no participamos para poder acudir a la inauguración del Año de la Santidad convocado en la Orden de Agustinos Recoletos. Tuvimos una sentida celebración litúrgica en la Parroquia Santa Rita, donde nos encontramos con nuestras hermanas del Consejo General y con nuestros hermanos agustinos recoletos.

El domingo en la mañana retomamos con la última ponencia, a cargo de la Hna. Ianire Angulo, esse, quien es también nuestra profesora de Profetas y Sapienciales en la Facultad de Teología. Nos propuso algunas Sugerencias para “obedecer con Espíritu” no sin antes señalar que en el camino de la obediencia no hay recetas: las cosas importantes de la vida no funcionan con seguridades, sino con las certezas, y en nuestro caso, la certeza mayor es que Dios sostiene nuestro caminar.

Obedecer, como ya habían planteado los ponentes anteriores, requiere de una profunda actitud de escucha y discernimiento, pero también de abandono: poder decirle al Señor “Porque me quieres… lo que Tú quieras”; esto sólo es posible para quien camina libertad, esta sólo de alcanza buscando cada día crecer en autenticidad y autonomía. Detrás de mucha sumisión y mucha rebeldía se esconde una vida religiosa adolescente.

Refiriéndose a las mediaciones aclaró que es preciso abrirse a una ilógica sabiduría divina, pues Dios a veces nos conduce hacia su Voluntad de modos insospechados y afinar cada día nuestro discernimiento para descubrir, siempre con mucha finura y confrontación, cuándo es preciso “desobedecer con Espíritu”. Al final de todo el criterio  máximo ha de ser el amor, que ha de estar incluso por encima de la verdad.

En el trabajo de grupos intentamos trazar un “pentálogo” de la obediencia-, en el que compartí, nuestras palabras fueron Amor, Escucha, Discernimiento, Libertad y Novedad. La jornada concluyó con una celebración eucarística en la que dimos gracias a Dios por todo lo compartido.

Personalmente, considero que el encuentro ha sido de mucho provecho. Ahora toca dejar que todo se asiente y madure en el corazón, de manera que podamos avanzar continuamente en nuestra decisión de configurarnos con Cristo obediente al Padre. 

 

 

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