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Para poder medir la intensidad de la entrega de la Hna. Cleusa, es preciso conocer la situación social, política y económica del grupo humano al que se entregó.
No era el pueblo más atendido por el gobierno, no era el grupo que tenía atención básica. Por ello conocer este grupo y tratar de estar en su lugar, es el camino de la sensibilización, que la Hna. Cleusa recorrió, la apasionó y la colocó en situación de arriesgar. Afirmada en el Señor, padre y creador de todos, no se quedó a distancia sino que se hizo una con ellos.
EL PUEBLO APURINÃ
Los relatos de los primeros explotadores de la región del Rio Purus – Amazonas – en la segunda mitad del siglo XIX – hablan que los Apuriná habitaban grandes extensiones de tierras, desde el nacimiento del Río Purus, y sus afluentes , Ituxi y Paciá, distribuidos en gran numero de malocas. Este pueblo, tan numeroso en aquella época fue diezmado y desarticulado social y políticamente, victima de la explotación, del desprecio, de la discriminación de los blancos, que invadieron la región. Usados en trabajo de extracción del látex, en la colecta de sorba y castaña, en la retirada indiscriminada de madera, los indios Apuriná se tornaron “mano de obra barata” en las manos de los terratenientes del caucho. A la merced de los explotadores, sin escuelas y atención a la salud, desamparados por los órganos públicos y por la Iglesia, los indios fueron perdiendo su identidad como Pueblo Apuriná. En 1979, con el apoyo del CIMI (Consejo Indigenista Misionero), y otros misioneros sensibles a la causa indígena, se realizaron algunos encuentros con diversos líderes indígenas en la región del Purus. A partir de ahí, el PUEBLO APURINÁ despierta y percibe que es victima de la explotación e invasión de sus tierras… Nace la esperanza de vivir como pueblo, de rescatar su identidad, creencias, tierra, en fin, rescatar LA VIDA! Empiezan a organizarse y luchar por sus derechos, defender sus tierras y riquezas naturales. Exigen de la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) la demarcación de las áreas, la no explotación de sus productos naturales por parte de los blancos. Estas actitudes del Pueblo Apuriná molestaron a los explotadores que se encargaron de sembrar entre los indios y pequeños agricultores el odio, la venganza, el desprecio al indio…Los malos entendidos crecen, las hostilidades explotan, la violencia se impone, generando constante tensión entre indios e blancos, agravadas por la indiferencia de la FUNAI, que solo en principio del año de 1985 presenta un mapa de la área indígena próxima a Lábrea, lo cual aumenta entre los explotadores la revuelta contra el pueblo Apuriná. En la ciudad se vive clima de inseguridad, de desconfianza, de miedo…mientras tanto en la “sombra” se trama la eliminación, la muerte, del jefe Agostinho y de la Hermana Cleusa.
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