 Un buen grupo de las Misioneras Agustinas Recoletas que residimos en España nos convocamos el día 15 de julio del presente año 2008, para celebrar el encuentro de nuestra hermana Josefina Burgos Morales con el Dios Amor de toda su vida, cuando a media tarde de este tiempo terrenal oyó la voz del Padre que desde el cielo la invitaba: “Venid a poseer el Reino”; cerró sus ojos corporales y se encontró con la inmensidad del Infinito. Comenzó para ella el “descanso del sábado”, en palabras de Agustín.
Nos encontramos hermanas venidas de las tres comunidades de Madrid, acompañadas por nuestras Superioras Myrian del Carmen Neira y Consuelo Arias, General y Provincial respectivamente. Otras venidas del sur, de nuestras comunidades de Andalucía. Necesitábamos vivir comunitariamente, en familia, estos momentos que tienen doble sentido y que hacen surgir en el alma encontrados sentimientos: alguien que amamos muere, perdemos su presencia física, pero, al mismo tiempo, por la fe tenemos la certeza que, fiadas en la Palabra de Dios, ha llegado felizmente al verdadero gozo. uestros hermanos Agustinos Recoletos, que lo son con todo cuanto esa palabra significa, presidieron la Eucaristía a las 18.30 de la tarde. Concelebró el P. Guillermo Cruz, párroco de San Blas, Madrid; nos acompañaron los novicios OAR, un hermano, algunos sobrinos y familiares de Josefina y un grupo grande de personas del pueblo, esta tierra fértil en vocaciones para la familia agustino-recoleta que, ha visto nacer, crecer y permanecer fiel hasta la muerte a Josefina. Verdaderamente vivimos una gran fiesta familiar: las Misioneras Agustinas Recoletas (MAR), los Agustinos Recoletos (OAR) y el pueblo de Monteagudo anudados en familia y congregados para cantar la fidelidad de Dios que con infinita ternura cuidó a Josefina para estrenar cada día de su vida en fidelidad a la vocación especial recibida. En las dos moniciones de entrada y, sobre todo en la homilía, bellamente se expresaron y resaltaron aspectos, escogidos entre muchos, de la bondad casi maternal que Josefina fue entregando sencillamente a lo largo de su vida tanto comunitaria como de servicio en los distintos quehaceres misioneros que la obediencia le señaló. Al referirnos a esta celebración, no podemos silenciar la actuación del coro parroquial, que dirige una hermana de esta comunidad, que siempre acompaña y ameniza nuestras fiestas que con diferentes matices, de profunda alegría o intenso dolor, celebramos en esta Casa Madre de Monteagudo. Cuando caía la tarde, finalizada la solemne Eucaristía del funeral, nos dirigimos entre cantos de Resurrección y alabanza, al cementerio de las MAR. Seis novicios llevaban en sus hombros juveniles los restos de nuestra hermana Josefina, que a sus 83 años de peregrinación en la tierra era llevada a ese lugar, donde terminan las penas y se inaugura el festín eterno.
Gracias, Josefina, porque el ejemplo de tu vida nos impulsa a continuar en fidelidad al Amor, a la entrega y servicio a Dios, a la Iglesia, a nuestra familia agustino-recoleta y al mundo.
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