miércoles, 19 de noviembre de 2008
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CURSO DE RENOVAÇÃO DA PROVÍNCIA

Santa Rita/ | Hna. Myrian del C. Neira | Sunday, 20 April 2008

Fazendo cumprir o nº 131 de nossas Constituições, neste início do ano 2008 realizamos o Curso de Renovação que foi organizado da seguinte forma:Abertura no dia 02/01 com Celebração da Eucaristia presidida por D. Silvestre Luiz Scandian, Bispo emérito da arquidiocese de Vitória; Partilha das experiências feitas por cada uma...

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Personajes

Monseñor Francisco Javier Ochoa O.A.R.
Nace en Monteagudo, Navarra, el 31 de enero de 1889. Ingresa al convento de los Agustinos Recoletos de su pueblo, y el 30 de septiembre de 1907 hace la profesión religiosa. Es ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1914, en la catedral de Filadelfia.
Después de vivir en Venezuela, la Isla de Trinidad y Manila es trasladado, como Procurador de la Misión a Shangai.
En 1924 los Agustinos Recoletos se establecen en la misión de Kweitehfú, provincia de Honan, China y el 2 de marzo de dicho año el P. Javier es nombrado delegado provincial del territorio confiado por la Santa Sede a la Provincia de S. Nicolás. Allí comienza su aventura misionera en el lejano Oriente que durará 24 años.
Hacia 1929 las obras que Mons. Ochoa tenía en su mente y otras que comenzaban a ser realidad, urgen la presencia femenina y el corazón de mujeres consagradas, en la misión de Kweithfú.  En 1930 Monseñor viaja a España. Hace una gira por los monasterios de Institutos misioneros sin ningún resultado positivo. El P. Teófilo Garnica, entonces provincial, le indica que en algunos monasterios de agustinas recoletas hay entusiasmo misionero.
Inmediatamente Monseñor inicia correspondencia con los monasterios del Corpus, de Granada y de La Encarnación, de Madrid.  De regreso a su misión, viaja a Roma, donde el 15 de enero de 1931 presenta al Vaticano la documentación de las monjas de los dos monasterios que se han ofrecido y la solicitud de dispensa de la clausura de las mismas para llevarlas a su misión de China.

Tres mujeres tejen la historia junto con Mons. Ochoa
Tres monjas agustinas recoletas, dos pertenecientes al monasterio de Corpus Christi, de Granada, hermanas  Ángeles García y Carmela Ruiz y la tercera del Real monasterio de la Encarnación, de Madrid, hermana Esperanza Ayerbe de la Cruz, son las elegidas para partir a China.
El 22 de febrero de 1931 Monseñor, bajo la mirada maternal de su Virgen del Camino, en Monteagudo, Navarra, coloca junto al corazón de sus tres agustinas recoletas el Crucifijo, signo externo de misioneras.
Y el grupo de fundador y co-fundadoras emprende camino hacia Barcelona. El día 4 de marzo, en el vapor “Fulda” zarpan hacia el lejano Oriente.
Llegan a Kweitehfú el 19 de mayo de 1931. Es el primer paso de “algo” que dentro del corazón de Monseñor Ochoa revolotea como una alondra. Al terminar el permiso que Roma había otorgado a las tres monjas de clausura, él hace los respectivos trámites jurídicos ante la Santa Sede y sus tres misioneras son anexadas a las Agustinas Recoletas de Filipinas.
Allí no termina su “idea”: Recibido el permiso de la superiora general de las agustinas de Filipinas, decide, en 1940, enviar a las madres Esperanza y Carmela a España, con el fin de abrir allí una casa noviciado y asegurar así nuevas vocaciones para su misión de China. Gestiona ante las autoridades competentes la autorización para la fundación del noviciado en Monteagudo, Navarra, España.
Mientras tanto ha estallado la guerra entre Norteamérica y Japón y surge una total incomunicación entre Oriente y Occidente. Después de cuatro largos años de silencio epistolar, en enero de 1946, se reanuda la comunicación y Monseñor se propone verter en sus frecuentes cartas cuanto su corazón y espíritu encierran para apoyar, animar y bendecir todos los sufrimientos, alegrías, esfuerzos, éxitos y fracasos que las madres Esperanza y Carmela han vivido en estos años en España.
 En octubre de 1946 Monseñor Ochoa viaja a Roma y después de entrevistas personales con las respectivas autoridades de la Curia Vaticana, pide oficialmente la separación de la congregación de Agustinas de Filipinas y la erección de un nuevo instituto independiente y distinto.
Y en carta del 4 de enero de 1947 envía preces solicitando que su congregación se llame AGUSTINAS RECOLETAS MISIONERAS DE MARÍA. La Santa Sede aprueba, casi de inmediato, mediante Decreto del 18 de enero de 1947.
Con fecha 3 de marzo de 1947, estando Monseñor en N. York, escribe una Circular – las MAR guardamos con todo respeto y devoción, y de hecho la consideramos su “Carta Magna”, donde vuelca su corazón de padre, su profunda espiritualidad, todo cuanto tenía guardado en el corazón y que anhela y pide a Dios para nosotras; este Documento constituye valiosísima parte de nuestro patrimonio espiritual.
En 1948, cuando regresa definitivamente a España, Monseñor dedica el tiempo que le queda, después de prestar servicios pastorales en algunas diócesis y comunidades religiosas que lo solicitan, y hasta cuando él lo creyó prudente y necesario, a llevar toda la correspondencia oficial, por lo menos hasta que la congregación saliera de su “adolescencia”; a gestionar, de acuerdo con la superiora general, todos los asuntos con la Santa Sede.
Redacta y presenta a Roma el texto de las primeras Constituciones, que son aprobadas el 23 de marzo de 1951. Preside los dos primeros capítulos generales.
Inicia contactos y correspondencia para obtener para su congregación la aprobación Pontificia o Decreto de Alabanza, que concede la Santa Sede con fecha 4 de junio de 1964, solemnidad del Sagrado Corazón.


Madre Esperanza Ayerbe de la Cruz
Nace en Monteagudo, Navarra, España, el 8 de junio de 1890. Del matrimonio de Ignacio Ayerbe y Ma. Araceli Castillo además nacen otros hijos, entre ellos Mª Rita y Carmen, quienes ingresaron a la congregación; la primera murió en 1993 y la segunda aún vive.
Ingresa al monasterio de La Encarnación, en Madrid, el 8 de junio de 1917; allí realiza las etapas de formación y después de las profesiones temporales hace los votos solemnes.
El día 3 de febrero de 1931, en la puerta del monasterio la esperan Monseñor Ochoa y las madres Mª Ángeles García y Carmela Ruiz, para viajar a China. No debió ser nada fácil ni ilusorio romper con todo cuanto en estos 14 años de vida monacal había constituido la seguridad de vivir, hasta entonces, en total sintonía con la seguridad de que estaba viviendo de acuerdo a la voluntad de Dios.
Fue elegida superiora de la comunidad de agustinas recoletas en Kweitehfú.
Crecían las necesidades de la misión y urgía el aumento de misioneras para atenderlas. Es cuando decide Monseñor enviar a España a las Madres Esperanza y Carmela, quedando la Madre Mª Ángeles al frente de las tareas misioneras en Kweitehfú.
El 18 de enero de 1947, a petición de Monseñor Ochoa, la S. Sede, en el mismo decreto de erección de la congregación, nombra a la madre Esperanza superiora general de la misma.
Después de intensa actividad misionera, de asuntos relacionados con la organización de la congregación que acaba de nacer, su frágil salud, fundaciones etc. En el  año 1962 le detectan la enfermedad de cáncer, entonces dimite de su cargo y pide, en 1967, presintiendo el final, que la lleven a Monteagudo. Al llegar dice a la superiora: “Madre, aquí vengo a morir”. Y así sucede el 23 de mayo de 1967.
Su vida: testimonio creíble
El día 3 de junio de 1990 el gobierno general aprueba la propuesta de la superiora general Hna. Rosa López, de iniciar  la causa de canonización de la Madre Esperanza Ayerbe de la Cruz.
Cumplidos los requisitos canónicos, el día 6 de diciembre de 1990, en nuestra casa Madre de Monteagudo, se abre oficialmente el proceso., el que se clausura el día 4 de septiembre de 1994.
Al final será la palabra del Papa quien declare que la sierva de Dios Madre Esperanza Ayerbe de la Cruz puede considerarse y llamarse Venerable. A partir de ese momento todo quedará esperando que ella desde el cielo manifieste su intercesión ante su “Único Amor”, mediante un milagro, para que pueda ser declarada BEATA.

Madre María Ángeles García de San Rafael
En La Zubia, Granada, España, nace el día 9 de diciembre de 1905. El 28 de diciembre de 1921, recién estrenados sus 16 años, ingresa al monasterio del Corpus Christi de agustinas recoletas de Granada. Tras las etapas de noviciado y profesión temporal, el 21 de junio de 1924 emite sus votos solemnes, hasta la muerte. Le dicen sus padres: Has dicho hasta la muerte. ¡Sé valiente! ¡Adelante, hija mía!
Ya es agustina recoleta contemplativa. Siete años vividos en intensa alegría y fiel a su vocación. El 8 de diciembre de 1930 la campana del monasterio llama la comunidad al locutorio. Monseñor Javier Ochoa viene desde China, concretamente desde la misión de Kweitehfú, viene a solicitar “misioneras” para trabajar allí.
Después de una “sorda y terrible lucha” el 28 de enero del año 1931, la madre Ángeles escribe una esquela, que entrega a su madre superiora: Yo, sor Mª Ángeles de San Rafael, de 25 años de edad, me ofrezco voluntaria para ir a la misión de China, si ésta es la voluntad de Dios. Y como esa era la voluntad de Dios para ella, el día 2 de febrero del mismo año, viaja con Monseñor y la madre Carmela, hasta Madrid; allí junto a la puerta del monasterio de La Encarnación, se funden las tres en un inmenso abrazo.
Además de las tareas misioneras realizadas comunitariamente, se le encarga a M. Ángeles el cuidado de las niñas huérfanas; se entrega a ellas con ternura de madre; aun cuando apenas está aprendiendo el difícil idioma chino se entiende con ellas de maravilla.
Cuando en 1940 viajan, enviadas por Monseñor Ochoa, las madres Esperanza y Carmela a España, la Madre Ángeles sufre mucho y con esta despedida se reinicia para ella un largo camino de “soledades”: En su “Diario” ella escribe así: Hace siete años, como siete siglos, marcharon a España mi madre Esperanza y mi hermana del alma sor Carmela... Con ellas ha vivido la mayor aventura de mi vida y ahora, totalmente incomunicada por la guerra entre Norteamérica y Japón.
El 4 de mayo de 1948 recibe una carta de la madre Esperanza notificándole su regreso a España. El 25 de julio escribe en su “Diario”, le dice a Jesús: Quiero siempre, en todo, hacer vuestra voluntad, manifestada en mis superiores... Sí, acepto, pero, Señor, os pido: Nos os disgustéis cuando veáis salir por mis ojos la sangre del alma, convertida en lágrimas, al separarme de la Misión...
A pesar el fuego misionero que le arde dentro, la fuerza de la enfermedad doblega su actividad. El 12 de diciembre de 1980 fallece a consecuencia de cáncer en el hígado. El pueblo de Gabia reclamó para sí el honor de guardar en su camposanto los restos mortales de quien se sintió siempre amado.
En este año, al cumplir el primer centenario de su nacimiento y los 25 años de su muerte, la congregación le ha rendido testimonio de amor y veneración, con diversos actos, que terminaron en nuestra casa Madre de Monteagudo al depositar sus restos junto a los de las madres Esperanza y Carmela. Desde allí ellas continúan su misión, iniciada en China.


Madre Carmela Ruiz de San Agustín
Era la más joven del grupo: nació en Monachil, Granada, España, el 31 de julio de 1909. A la edad de 13 años sus padres la llevan, para que sea educada por las monjas agustinas recoletas, al convento del Corpus Christi, de Granada.
Debido a su corta edad; en una visita del Arzobispo de Granada, exige que vuelva a su casa, antes de comenzar el noviciado, por lo menos un año. Reingresa al convento, hace las etapas de formación y hace su profesión solemne el día 2 de agosto de 1930, con la convicción que el monasterio del Corpus Christi será su “hogar” para siempre.
El día 8 de diciembre de 1930, después de la visita “misionera” que hace al monasterio Mons. Ochoa, madre Carmela presiente que su ofrecimiento es aceptado; se lo confirma su madre priora: Dios la ha elegido, a través de la Congregación de Religiosos, para ir a las misiones, concretamente con Mons. Ochoa a su misión de Kweitehfú.
El día 2 de febrero de 1931 deja para siempre su amada clausura. Ya está M. Carmela en China; inicia la ardua tarea de aprender el idioma chino. Pronto visita enfermos y encarcelados, da catequesis a niños y adultos, lleva alegría a los tristes, pero su misión específica es la formación de las futuras religiosas Catequistas de Cristo Rey, recién fundadas por Mons. Ochoa.
Debido a la enfermedad de su padre regresa a España en compañía de Madre Esperanza. Durante los primeros tiempos se destaca como incansable buscadora de medios económicos, tan escasos en tiempos de post.- guerra española, sobre todo a partir del 2 de octubre de 1941  cuando se inicia la vida comunitaria en el noviciado con la llegada de las dos primeras postulantes. Pronto llegan más vocaciones y a ella le corresponde, otra vez como en China, la misión de formadora.
En el decreto de erección de la congregación (18 de enero de 1947), es nombrada consejera general.
Su salud nunca fue totalmente buena y se fue deteriorando al paso de los años. En 1993 sufre un infarto cerebral. Estando muy grave la Madre Carmela es trasladada, a nuestra casa Madre de Monteagudo, en donde muere el  día 22 de agosto de 1993.

 
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