 Hace 33 años, el día 06 de septiembre de 1976, en su pueblo natal, en el convento de los PP. Agustinos Recoletos, fallecía Mons. F. Javier Ochoa Ullate, infatigable misionero y nuestro querido fundador. Entregaba su espíritu en manos del Padre con la confianza del obrero fiel que al final de la jornada sabe que está convidado por el dueño de la mies a sentarse en su mesa. La mesa del Reino por el que ha vivido y se ha desvivido. Y cuyo lema Adveniat regnum tuum rezaba en su escudo episcopal.
Nació, el día 31 de enero de 1889 en Monteagudo, pueblo al sur de la provincia de Navarra, España, donde pasó su infancia y primera adolescencia. El 16 de julio de 1906, festividad de Ntra. Sra. la Virgen del Carmen, decidió dejarlo todo para seguir a Jesús, haciéndose agustino recoleto. Ingresó en el noviciado en Monteagudo, el 29 de septiembre de 1906, profesando el 30 del mismo mes de 1907. Tras años de formación y estudios en Monteagudo y S. Millán de la Cogolla (La Rioja), en 1911 fue enviado a Estados Unidos donde continuó los estudios y donde fue ordenado sacerdote el 30 de mayo de 1914. En octubre del mismo año fue destinado a Venezuela y posteriormente a la isla de Trinidad donde trabajó intensamente en diferentes parroquias hasta 1917 en que fue elegido para ir a Filipinas. En Manila trabajará dos años, entre otras cosas, atendiendo una parroquia a donde asistían los soldados católicos del ejército norteamericano, y visitando los soldados filipinos, presos en la cárcel de la zona.
Dios lo estaba preparando cuidadosamente para la misión que le tenía encomendada.
Su destino sería China.
La Orden de Agustinos Recoletos siempre había soñado con tener una parcela a su cuidado en el inmenso campo de misión de China. Con esas miras la provincia de S. Nicolás de Tolentino había abierto una Procuración en Shanghai.
Nombrado vice-procurador, a Shanghai se dirige el P. Javier Ochoa en enero de 1920, desde donde serán activadas las diligencias para conseguir un territorio de misión en el interior de China. Tras muchos intentos, idas y venidas, al final aquella idea acariciada desde mucho tiempo, parece que va a convertirse en hermosa realidad, escribe el P. Provincial en septiembre de 1923. El P. Javier Ochoa, ha visitado meses antes el territorio que Mons. Tacconi, obispo de Kaifeng les concede. Es la parte oriental de su vicariato, al nordeste de la provincia de Henan. Zona de unos ocho mil kilómetros cuadrados de extensión y más de dos millones de habitantes; desatendida hasta ese momento por falta de misioneros. Kweitehfu ciudad más importante en aquel entonces, será la sede central de la nueva misión.
Fue primero nombrado por sus superiores, delegado provincial del territorio misional el 02 de marzo de 1924. La Santa Sede le nombró sucesivamente, prefecto apostólico el 08 de enero de 1929, vicario apostólico el 18 de mayo de 1937 (consagrado obispo el 31 de octubre de 1937 en la ciudad de Manila) y obispo residencial de Kweitehfu el 11 de abril de 1946.
Kweitehfu (actualmente, Shangqiu), será desde 1924 hasta 1948, testigo de su entusiasmo misionero, objeto de sus afanes y causa de sus alegrías y sufrimientos.
Su programa es no darse por satisfecho hasta que no quede es este vicariato uno solo que no conozca, ame y glorifique el santísimo Nombre de Jesús, ni quede una sola alma ni un solo corazón donde Jesús no reine (carta 30 -06- 1937).
Compró terrenos y edificó casas e iglesias, abrió catecumenados… Que de dónde hemos sacado dinero para tántas cosas?. Pues ni yo mismo no lo sé, pero todo está pagado y a nadie debemos un solo céntimo, si no es al Señor, que es a quien debemos todo lo gastado y lo que aún nos queda por gastar hasta terminar las obras comenzadas…(carta 11-06-1939).
Abrió escuelas, que nos están trayendo a la iglesia mucha gente nueva, gente que no viene por la multiplicación de los panes y de los peces en el desierto, o sea, que no necesitan de nosotros para poder comer bien, sino por la doctrina que oye (Idem).
Construye un orfanato para recoger las niñas que las familias abandonan por falta de recursos…Piensa que si las madres supieran que teníamos un lugar para ellas, indudablemente las traerían aquí antes que matarlas…Creo que debemos hacer algo por recoger estas infelices criaturas (carta 3-08-1924).
Como el Buen samaritano, no pasó de largo ante el sufrimiento de su gente, empeñando en su ayuda todo su ingenio, tiempo y salud, pero también sabe implicar a otros; sabe que necesita de la ayuda de personas con sus mismos sentimientos para llevar a cabo su labor. Por ello:
Funda la revista Todos misioneros para concientizar a la gente de otros países.
Insistentemente pide a sus superiores más misioneros. Y su provincia S. Nicolás de Tolentino, de la orden de agustinos recoletos, enviará personal para atender las diferentes subprefecturas.
Abre el seminario menor para formar sacerdotes nativos. Les recomienda que sigan siendo buenos y excelentes estudiantes. Que trabajen cuanto puedan por conseguir muchas borlas doctorales, pero que sepan que las primeras que les exijo son las de doctores en la piedad, doctores en el amor a Jesús, doctores en el amor al sufrimiento, doctores en la humildad, etc. Y luego todas las que quieran puedan conseguir en las ciencias divinas y humanas (carta 24-03-1938). Y no fue defraudado en sus esperanzas. Algunos de aquellos niños, ya sacerdotes cuando él salio de China, sellaron con su sangre, la fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia; otros, confesores de la fe, han mantenido hasta hoy la fe de los cristianos de esa diócesis.
Funda una congregación de religiosas catequistas nativas para ayudar en la evangelización y atender las escuelas. Y logra de la Santa Sede permiso para que tres monjas agustinas recoletas dejen sus conventos de clausura de Granada y Madrid para ir hasta Kweitehfu para hacerse cargo de las niñas huérfanas y formar en la vida religiosa a las jóvenes chinas que quieren consagrarse a Dios. Nuestras hermanas -escribe- han de ser allí verdaderas madres, no sólo de las jóvenes que han de abrazar el mismo estado de religiosas, sino también de las pequeñas de nuestra Sta. Infancia, y aún hasta de los mismo hermanos misioneros (carta 19-11-1930). Esta iniciativa será el germen de nuestra congregación de Misioneras Agustinas Recoletas
Pero no todos son éxitos. Como el apóstol Pablo, sabe de fatigas, de dificultades y sufrimientos, que lejos de disminuir su entrega misionera le dan más ánimo, descubriendo en los momentos difíciles la mano de Dios:
- Hemos estado incomunicados con el mundo, ya por falta de trenes correos, ya por falta de telégrafo, ya también por haber estado sitiados tres veces. Han bombardeado esta ciudad cuatro veces. Y al S. C. de Jesús debemos el no haber perecido en estos peligros… En el primer saqueo faltó muy poco para que no me mataran a dos padres. …En fin, una serie interminable de calamidades. Estas tropas han vuelto a ocupar nuestra casa… El Señor nos está probando y purificando… pero en esto veo ya la mejor prueba de que Jesús nos quiere y hasta nos distingue…(carta 17- 12- 1927).
- El año pasado fue para nosotros un año de prueba, de desolación y de llanto... nos habían despojado de todo, hasta de lo más necesario… y en ese todos entramos los padres, las madres, las monjitas chinas y los seminaristas, pues todos estamos como unos descamisados… A nosotros nos han robado todo, y a nuestros cristianos y paganos no les han dejado nada (carta 23-09-1938).
- El Señor no se da aún por satisfecho, y quiere seguir probándonos más y más. Pero como por otra parte nos ha dado y nos está dando tantas pruebas de que nos ama y nos protege, seríamos unos ingratos si nos quejáramos de su divina providencia…En todo, … vemos la mano de nuestro buen Jesús. Y todo esto en vez de desanimarnos, nos hace más valientes, más sufridos, más de Dios, que es lo que Él quiere al enviarnos estas pruebas. Ahora con más razón que nunca debemos decirle y de hecho le decimos que su divina voluntad se cumpla en nosotros (carta18-12-1927).
En 1948, cuando su salud ya no daba más de sí, llegó a España después de ser aceptada su renuncia como obispo de la diócesis de Kweitehfu. Pero su espíritu misionero lo puso al servicio de sus hermanos obispo de diferentes diócesis, a los que ayudaba haciendo las visitas pastorales y administrando confirmaciones y ordenaciones sacerdotales.
Y sobre todo se dedicó a asesorar y afianzar la naciente congregación de Misioneras Agustinas Recoletas, fundada en compañía de las tres misioneras (M. Esperanza Ayerbe, M. Ángeles García y M. Carmela Ruiz), que como él habían tenido que dejar la querida misión de China.
Nos dejó en 1976, Sus restos reposan en la Iglesia de la casa madre de la congregación, en Monteagudo, Navarra.
Hoy la Congregación da gracias a Dios por la herencia recibida y quiere hacer realidad aquel deseo por él manifestado en el momento de la erección canónica en enero de 1947: Prometo que serán lo que su nombre indica y exige de todas Agustinas verdaderas… recoletas verdaderas… misioneras verdaderas. Todo para que a Dios sean dados todo honor y toda gloria como nos dejó de lema en nuestro escudo.
¿Te atreves a pertenecer a nuestra Congregación de Misioneras Agustinas Recoletas, teniendo tal fundador? |