domingo, 05 de febrero de 2012
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MISSÃO INTERCONGREGACIONAL

Santa Rita/ | Hna. Myrian del C. Neira | Tuesday, 7 June 2011

Durante a Semana Santa, as Irmãs Delza Rita Bassini Fioresi, Ivone Leonor da Silva Herbert e Marizete Pinto de Castro, participaram de uma Missão Intercongregacional, promovida pela Conferencia dos Religiosos do Brasil, Regional de Minas Gerais.“A missão é feita com os pés dos que partem, com os joelhos dos...

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Y… ¿quién es misionero?
Image En el mes de octubre resuena con un énfasis especial la invitación a ser misionero.

El ser misionero, es ante todo una vocación, un llamado que Dios hace para un servicio especial: anunciar con la vida y con las palabras que Jesucristo está vivo entre nosotros y tiene un amor especial por los más pequeños.

Ya todos y cada uno por el bautismo, hemos recibido la llamada a unirnos a Jesucristo, a asumir su forma de estar en el mundo, que no fue otra sino hacer la voluntad del Padre, es decir que la humanidad llegue a su desarrollo y realización, según en plan de Dios.

Algunos han escuchado con seriedad la palabra de Jesús dirigida a los apóstoles: “Id por todo el mundo y anunciad el evangelio, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” y por ello han sentido en su corazón como un fuego que los quemaba, que los lanzaba, que no los dejaba tranquilos al pensar que muchas personas en el mundo no conocían a Dios.
Y arriesgándolo todo, dejando sus planes y proyectos se han lanzado a aventuras apasionantes, con tal de que Jesús sea conocido y amado. Y a cambio de esto han encontrado que esfuerzos, fatigas y trabajos han tenido sentido, porque algún ser humano, tal vez muy insignificante a los ojos de la mayoría, ha sido consciente que Dios está en lo profundo del corazón y desde ahí pueden orientar su vida.

Vamos a presentar vivencias misioneras de algunos personajes que sintiéndose inmensamente amados por Dios, se lanzaron más allá de las propias fronteras para darlo a conocer.

Hoy el personaje que nos acompaña es M. Ángeles García, m.a.r. quien en su libro Una Misioneras agustina recoleta en China, refiere:

“En todas direcciones vienen grupos compuestos de ancianos, adultos y niños. Todos vienen huyendo, por salvar la vida, “ya que no pueden salvar los muebles, ni la hacienda.

¡Pobrecitos! En todos los rostros de va la huella del hambre, del sufrimiento y en algunos hasta la desesperación y el pavor los invade. Los pequeños se paran en seco negándose  a seguir en su peregrinación forzada… Los ancianos se afianzan en el grueso palo que los sostiene  aspiran el viento para ir más ligeros….. Las mujeres, sobre todo las jovencitas, se sientan en el borde del camino y se arreglan las vendas que aprisionan sus lastimados pies ¡Qué desolación tan grande!

A petición de sor Josefina, que yo acepté gustosísima, dimos a los pequeñitos y ancianos toda la comida que llevábamos, al mismo tiempo que palabras redentoras caían en sus almas llenas de tinieblas.

A las dos horas de camino, ya sabían que las había creado el “Dios Grande”. Que tenían un alma que salvar, que es eterna, que hay un cielo para los buenos y un lugar terrible para los malos. Ya sabrán decir en sus ratos de amargura e incertidumbre…. “¡Señor, ten misericordia de nosotros!”…
Aquellas pobres madres se alejaban bendiciendo al Dios de las dos “vírgenes blancas”, que habían amortiguado el hambre que devoraba a sus hijitos.

También nosotras nos sentimos felices…

Después de pasar por veredas resbaladizas y dar sendos traspiés, llegamos a la casa de la anciana moribunda y la encontramos guisando… No es éste el primer caso y quiera el Señor no sea el último.

Al pasar por una aldea, nos preguntan si llevamos medicina para un anciano que está grave.

Vamos a verle a su casa, mas el altanero budista se  niega a recibirnos, dice no quiere nada con las europeas… Nos salimos llenas de tristeza y al mismo tiempo llenas de esperanza, no era el primero que se negaba a recibirnos y luego moría bendiciendo a las “vírgenes blancas”.

Volvíamos al convento cansadas y sin haber “pescado nada”. Mientras caminábamos cantábamos la Salve, para desde aquellas llanuras inmensas suban al cielo tal vez por vez primera, una súplica y una alabanza a nuestra dulce Madre del cielo.

A lo lejos, vemos venir a una pobre mujer con su criaturita envuelta en un paño rojo, Procuramos juntarnos. Mientras sor Josefina envolvía a la pobre madre en un par de preguntas, yo con mano temblorosa, dejé caer sobre su frente el agua redentora del Bautismo…. Dimos medicina a la madre y asegurándole que su niño sería feliz, se marchó agradecida. La pobre ignoraba por completo, y a su modo entendió la felicidad que prometimos a su niño. Aún no habíamos andado seis kilómetros, cuando un hombre que nos dio alcance nos dijo que el niño había muerto antes de llegar a la aldea….-Ruega por tu madre, ruega por nosotras para que luego te veamos en el cielo, querido angelote chino.

¿A qué alma deberá Jesús Mary la salvación de la suya? Tú lo sabes, Señor…”

Sólo quien ha recibido tanto amor, es capaz de dar y de darse por entero; sólo quien está convencido que Dios ha venido para salvar a la humanidad, es capaz de colocar todo su ser al servicio del anuncio de la salvación; sólo quien ha entendido que la vida tiene sentido en la medida de la entrega, lo ha entregado todo y ha ganado la felicidad.

¿Quieres ser misionero?...
 
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