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Hace 25 años, en el día 28 de abril, en la Prelatura de Lábrea, Amazonas, Brasil, en una acción premeditada, mataron a la Hermana Cleusa Carolina Rody Coelho, Misionera Agustina Recoleta.
En este jubileo, la Iglesia, la Familia Agustino-recoleta, los pueblos indígenas, los pobres, recuerdan a Cleusa y le rinden un justo homenaje. ¿Por que? Porque su asesinato fue la consecuencia de una vida a favor de la Vida, de una vida donde el Reino tenía que estar presente, de una vida de amor, de entrega, de compromiso…Sí, hay que celebrar la valentía de esta misionera y aprovechar la oportunidad para aprender de ella lo que es implicarse radicalmente con la causa de Jesús y su Reino asumiendo todo riesgo, porque ¡CELEBRAR ES COMPROMETERSE!
Cleusa nació el 12 de noviembre de 1933 en Cachoeiro do Itapemirim Estado de Espíritu Santo, Brasil. Ocupaba el tercer lugar entre los hijos de Jair Moreira Coelho y Francisca Rody. En 1935 fue bautizada en Barra do Itapemirim; hizo su Primera Comunión en 1944 y en 1951 recibe el Sacramento de la Confirmación.
La llamada de Dios a la vida religiosa la experimenta después de ver en su pueblo natal, una presentación de diapositivas de la misión de Lábrea (Amazonas, Brasil) y de asistir a la charla del Obispo de la Prelatura de Lábrea, Mons. José Álvarez, OAR.
Cuando Cleusa expresó a sus padres el deseo de ingresar en la vida religiosa tuvo cierta oposición, pues ellos querían que siguiera la carrera universitaria. En aquel momento cuando acababa de terminar, brillantemente, su carrera de Maestra ella recibió del gobierno del Estado de Espíritu Santo el premio de eligir el lugar donde ejercer su trabajo, como reconocimiento de ser la mejor alumna del curso, por su inteligencia y capacidad de estudio. No obstante ella decide dejar todo para hacerse misionera.
Ingresó a la congregación de Misioneras Agustinas Recoletas el 4 de febrero de 1952 en la Isla de las Flores, Río de Janeiro; e inició el noviciado el 2 de octubre de 1952 y profesó el 3 de octubre de 1953, cambiando el nombre por el de María Angelis Coelho de San José.
En marzo de 1954 é enviada a la misión de Lábrea, en el interior del Amazonas. Allí, juntamente con otras tres religiosas, trabaja en la Educación, Catequesis, atiende a la gente en sus múltiples necesidades… Experimenta las dificultades del clima, del aislamiento, de las distancias, de la falta de lo necesario… Ante estos y tantos otros rectos, Cleusa tiene siempre una sonrisa y una palabra de confianza en Dios, de que la misión saldría adelante. Pasados unos años fue enviada a Colatina, Espíritu Santo, donde hace su profesión perpetua el 3 de octubre de 1958. En los años siguientes, Vitoria, Espíritu Santo, Manaus e Lábrea, en el Amazonas, fueron los lugares donde desempeño la mayor parte de su labor misionera. Tenía especial predilección por los indios y hansenianos por considerarlos los más pobres entre los pobres, pues ellos, además de pobres eran discriminados, los primeros por su raza y los segundos por su enfermedad – la lepra.
En 1984, la Hermana Cleusa queda liberada para trabajar en la Pastoral Indigenista de la Prelatura de Lábrea, Amazonas. Participa de cursos y a la vez, estudia la realidad de estos pueblos en la región. Percibe toda injusticia que se comete contra ellos y consciente de que el Señor la quería ahí, no mide esfuerzos: visita las aldeas, acompaña a los indios en la venta de sus productos, en el cuidado de la salud y apoyada en la ley 6001, lucha por la demarcación de sus tierras. Para esto insiste junto a los órganos responsables…a la vez que orienta a las comunidades indígenas en la búsqueda de sus derechos y a no dejarse envolver en conflictos con los blancos.
Esta acción de Cleusa disgustaba a los terratenientes y comerciantes que explotaban a los indios invadiendo sus tierras para sacar provecho de ellas. La manera para seguir obteniendo lucros era quitar del medio las personas que les “abrían los ojos a los indios” en este caso, la Hermana Cleusa y el Tuxaua (cacique) Agostinho. Por eso trataron de contratar una persona para quitarles la vida. Al ir a matar Agostinho, no lo encuentran en casa y matan su esposa y un hijo. Hermana Cleusa al saber del hecho va a la aldea para hablar con el grupo, para que no vengara la muerte de los miembros de la tribu y evitar más muertes. Logró hablar con Agostinho que le prometió mantener la paz.
Al regresar, se encontró con el autor de los crímenes anteriores, que iba subiendo el río. Cleusa mandó al que conducía la canoa que huyese, porque tenía familia…Ella intentó hablar con el asesino pero… ¿que pasó? Sólo Dios, la selva y las aguas del río Paciá son testigos.
Al no volver a casa el día marcado se empezó la búsqueda… y solo después de cuatro días fue encontrado su cuerpo sin vida, en medio de la selva, en avanzado estado de descomposición. Los exámenes del cadáver indican la brutalidad con que fue asesinada: Muchas costillas rotas, el cráneo fracturado, el brazo derecho separado del cuerpo con instrumento cortante, fracturas en la columna vertebral, pedazos de plomo en el tórax, lo que indica que había recibido tiros de escopeta; su mano derecha no fue encontrada.
El pueblo de Lábrea, en una sentida celebración, entre oraciones, lágrimas y voces de protesta contra los autores intelectuales del crimen, llevó el cadáver al cementerio… ¡pero en la memoria y en el corazón, la Hermana Cleusa continua viva!
Han pasado 25 años y el recuerdo de ella, su testimonio, su entrega, siguen presentes y es una invitación a renovar la esperanza en el Dios de la vida, en el Dios que camina con su pueblo, en el Dios que fue para Cleusa el motor que la impulsó a vivir en el día a día el sueño del Reino para todos. Su espiritualidad fue encarnada como la vivió el Maestro.
Cleusa nos enseña que la santidad se adquiere en el en el diálogo con el Señor, en la oración, en el compartir con los pobres y con todos aquellos que son explotados, en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida en abundancia para todos los hijos de Dios… Ella así lo hizo, ella así lo vivió hasta derramar su sangre, como Cristo.
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