jueves, 09 de septiembre de 2010
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XVI Aniversario de su Erección.

San Agustin/ | Hna. Myrian del C. Neira | Thursday, 31 January 2008

El 31 de enero la Provincia de San Agustín constituida por Colombia y Perú,  se engalana en el XVI Aniversario de su Erección.  Este acontecimiento tiene gran relevancia porque esta enmarcado en el aniversario del Natalicio de Monseñor Francisco Javier Ochoa.Agradezcamos al Señor la gracia que ha derramado sobre nuestra...

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Celebrando un Jubileo

Image Hace 25 años, en  el día 28 de abril, en la Prelatura de Lábrea, Amazonas, Brasil, en una acción  premeditada, mataron a la Hermana Cleusa Carolina Rody  Coelho, Misionera Agustina Recoleta.

 En este  jubileo, la Iglesia, la Familia Agustino-recoleta, los pueblos indígenas, los pobres, recuerdan  a Cleusa y  le  rinden un  justo homenaje. ¿Por que? Porque su asesinato fue la consecuencia de una vida a favor de la Vida, de una vida donde el Reino tenía que estar presente, de una vida  de amor, de entrega, de compromiso…Sí, hay que celebrar la valentía de esta misionera y  aprovechar  la  oportunidad para  aprender de ella lo que es  implicarse   radicalmente con la causa de Jesús y su Reino asumiendo todo riesgo, porque ¡CELEBRAR ES COMPROMETERSE!
Cleusa nació el 12 de noviembre de 1933 en Cachoeiro do  Itapemirim Estado  de Espíritu  Santo, Brasil. Ocupaba el tercer lugar entre los hijos de  Jair Moreira Coelho  y  Francisca  Rody. En 1935 fue bautizada en Barra do  Itapemirim; hizo su Primera Comunión en 1944 y en 1951 recibe el Sacramento de la Confirmación.

La llamada de Dios a la vida religiosa la experimenta después de  ver en su pueblo natal, una presentación de diapositivas de la misión de Lábrea (Amazonas, Brasil) y de asistir a la charla del  Obispo de la Prelatura de Lábrea, Mons. José Álvarez, OAR.

Cuando Cleusa expresó a sus padres el deseo de ingresar en la vida religiosa tuvo cierta  oposición, pues ellos  querían que siguiera la carrera universitaria. En aquel momento cuando acababa de terminar, brillantemente, su carrera de Maestra  ella recibió del gobierno del Estado de Espíritu Santo el  premio de eligir el lugar donde ejercer su trabajo, como reconocimiento de  ser la mejor alumna del curso, por  su inteligencia y capacidad de estudio. No obstante ella  decide dejar todo para hacerse misionera.

Ingresó a la  congregación  de Misioneras Agustinas Recoletas el 4 de febrero de 1952 en la Isla de las Flores, Río de Janeiro; e inició  el noviciado  el 2 de octubre de 1952 y profesó el 3 de octubre de 1953, cambiando el nombre por el de María Angelis Coelho de San José.

En marzo de 1954  é enviada a la misión de Lábrea, en el interior del Amazonas. Allí, juntamente con otras tres religiosas, trabaja en la Educación, Catequesis, atiende a la gente en sus múltiples necesidades… Experimenta las dificultades del clima, del aislamiento, de las distancias, de la falta de lo necesario… Ante estos y tantos otros rectos, Cleusa tiene siempre una sonrisa y una palabra de confianza en Dios, de que la misión saldría adelante.
 
Pasados unos años fue enviada a Colatina, Espíritu Santo, donde hace su profesión perpetua  el 3 de octubre de 1958. En los años siguientes, Vitoria, Espíritu Santo, Manaus e Lábrea, en el  Amazonas, fueron los lugares donde desempeño la mayor parte de su labor misionera.  Tenía  especial predilección por los indios  y hansenianos  por considerarlos los más pobres entre los pobres,  pues ellos, además de pobres eran discriminados, los primeros por su raza y los segundos por su enfermedad – la lepra.

En 1984, la Hermana Cleusa queda liberada para trabajar en la Pastoral Indigenista de la Prelatura de Lábrea, Amazonas.  Participa de  cursos  y a la vez, estudia la realidad de estos pueblos en la región. Percibe toda injusticia que se comete  contra ellos  y consciente de que el Señor la quería ahí, no mide esfuerzos: visita las aldeas, acompaña a los indios en la venta de sus productos, en el cuidado  de la  salud y apoyada en la  ley 6001, lucha por  la demarcación  de sus tierras. Para esto insiste junto a los órganos responsables…a la vez que orienta a las comunidades indígenas  en la búsqueda de sus derechos y  a no dejarse envolver en conflictos con los blancos.

Esta  acción de Cleusa disgustaba a los  terratenientes y comerciantes que explotaban a los indios invadiendo sus tierras para sacar provecho de ellas. La manera para seguir obteniendo lucros era quitar del medio las personas que les “abrían los ojos a los indios” en este caso, la Hermana Cleusa y el Tuxaua  (cacique) Agostinho.  Por eso  trataron de contratar una persona  para quitarles la vida. Al ir a matar Agostinho, no lo encuentran en casa y matan su esposa y un hijo. Hermana Cleusa al saber del hecho va a la aldea para hablar con el grupo, para que no vengara la muerte de los miembros de la tribu y evitar más muertes. Logró hablar  con Agostinho que le prometió mantener la paz.

Al  regresar,  se encontró con el  autor de los crímenes anteriores, que iba subiendo el río. Cleusa mandó al que conducía la canoa que  huyese, porque tenía familia…Ella  intentó hablar con el asesino pero… ¿que pasó? Sólo  Dios,  la selva y las aguas del río Paciá  son testigos.

Al no  volver a  casa el día marcado se empezó la búsqueda… y solo después de cuatro días fue encontrado  su cuerpo sin vida, en medio de la selva,  en avanzado estado de descomposición. Los exámenes del cadáver indican la brutalidad con que fue asesinada: Muchas costillas rotas, el cráneo fracturado, el brazo derecho separado del cuerpo con instrumento cortante, fracturas en la columna vertebral, pedazos  de plomo en el tórax, lo que indica que había recibido tiros de escopeta; su mano derecha no fue encontrada.

El pueblo de Lábrea, en  una sentida  celebración, entre oraciones, lágrimas y voces  de protesta contra los autores intelectuales del crimen, llevó el  cadáver  al cementerio… ¡pero  en la memoria y en el  corazón, la Hermana Cleusa continua viva! 

Han pasado 25 años  y  el  recuerdo  de ella, su testimonio, su entrega, siguen presentes y  es una invitación a  renovar la  esperanza en el  Dios de la vida, en el Dios que  camina con su pueblo, en el Dios que fue para Cleusa el motor que la impulsó a vivir en el día a día el sueño del Reino para todos. Su  espiritualidad  fue encarnada como la vivió el Maestro.

Cleusa nos enseña  que la santidad se adquiere en el en el diálogo con el Señor, en la oración,  en el  compartir con los pobres y  con todos aquellos  que son explotados, en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida en abundancia para todos los hijos de Dios… Ella así lo hizo, ella así lo vivió hasta derramar su sangre, como Cristo.
 
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