 En este mes que la Iglesia dedica a honrar el SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, las misioneras agustinas recoletas nos unimos haciendo memoria de algunas de las muchas cartas de nuestro fundador Monseñor Francisco Javier Ochoa, quien fue un ferviente devoto del Corazón de Jesús y a quien imploraba permanentemente su auxilio. La relación que él hace con el corazón de Jesús está siempre unida a la capacidad de amar, pero también con la capacidad de soportar cualquier sufrimiento, y el de darlo todo por Jesús.
A continuación transcribimos algunos apartes de sus cartas que nos permitirá corroborar lo dicho anteriormente:
“…Y ahora más que nunca doy gracias al divino corazón porque me ha dado un padre bueno que, como fiel cristiano, sabe mantenerse firme en tiempo de prueba, y que sabe asimismo poner buena cara a todo mal tiempo, y cuando más fuerte y más feo el temporal mejor cara, y todo por Jesús, por ese Corazón que tanto hizo, está haciendo y hará por nosotros hasta llevarnos a su reino. ...”
Supongo que con todo lo que precede habrá ya adivinado el fin de esta carta. ¿No ve esos tres corazones que hay en mi escudo? Ahí está el de Jesús abierto y derramando su preciosísima sangre sobre el mundo, y de una manera particular por V. y por mí. Luego está el de Ntra. Stma. Madre atravesado por una espada de dolor por tantísimos que no aman y ofenden a su divino Hijo. Por fin está el de nuestro gran padre San Agustín, atravesado por un dardo de amor. Pues con esos tres corazones debemos conformar siempre y en todo los nuestros…” (Pág. 402)
“…como Jesús las quiere, humildes, sencillas, pacíficas, con una sonrisa de cielo aun en medio de sus íntimos pesares, y, sobre todo, pacientes y caritativas para con todos. Y no lo duden, hermanas, con esas virtudes, que son las predilectas de Jesús, de María y de N. G. P. S. Agustín, tienen todo ganado. Se ganarán en primer lugar los Corazones de Jesús, de María, y luego los de todos nuestros prójimos. En otras palabras: con esas virtudes tendrán cuanto quieran, en la tierra y en el cielo…” (Pág. 430).
El Papa Benedicto XVI, en algunas de sus alocuciones sobre esta solemnidad del Corazón de Jesús, en una frase final de su mensaje, nos dice que, “la contemplación del costado traspasado por la lanza, en la que resplandece la voluntad sin límites de salvación de parte de Dios, no puede ser considerada como una forma pasajera de culto o de devoción: la adoración del amor de Dios que ha encontrado en el símbolo del corazón traspasado su expresión histórico- devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios”.
De lo anterior se desprende que, el Corazón de Cristo, es el símbolo del amor de Dios. Símbolo de la plenitud del amor de Dios. De todo lo que El significa.
Por lo tanto, debemos tener muy claro que, la devoción al Corazón de Jesús, no es el culto a una parte de su organismo o de su anatomía humana, es el culto y la devoción al mismo Jesús, a la persona entera de Jesucristo.
Juan Pablo II, refiriéndose esta celebración como un coloquio de amor decía: “El corazón habla al corazón”. Porque sentía que celebrar al Corazón de Jesús equivalía a celebrar el sacramento del amor de Dios.
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