
El día 25 de agosto la hermana Arantxa partió hacia la casa del Padre para vivir una vida más plena. Con esta noticia inesperada terminábamos nuestra oración de la mañana.
Arantxa, como familiarmente le llamábamos, fue una mujer entregada, de trabajo intenso y callado, fiel a su consagración, tras 60 años de vida religiosa, mujer de paz y sencillez.
El Señor nos ha querido regalar toda clase de experiencias, incluso aquella que todos un día, tarde o temprano, viviremos. Para nosotras ha sido una experiencia nueva y significativa el despedir a una hermana.
Durante todo el día la acompañamos turnándonos para rezar y estar con ella, pidiendo ahora su intercesión ante el Padre. Las hermanas de otras comunidades y familiares vinieron también para despedirse de Arantxa.
El día 27 de agosto, fiesta de nuestra madre Santa Mónica, se celebró el funeral por su eterno descanso. La Eucaristía estuvo presidida por el padre Placido, OAR, y varios con celebrantes. En la homilía recalcó la alegría y la importancia de entregar cada día la vida a Dios, sabiendo que en la vejez uno se va preparando poco a poco para vivir una vida más plena, en la presencia de Dios.
Damos gracias a Dios por la vida de nuestra hermana, agradecemos su entrega y alegría, además de su aporte a la comunidad. Que Dios la tenga gozando de su gloria.