| Testimonio Marisa Martínez, M.A.R. |
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Apenas llegué a Taiwan, en junio del 2009 tuve la gracia de leer el libro Arrupe, una explosión en la Iglesia y me impactó muchísimo la experiencia del Padre Arrupe en las cárceles de Tokio... (qué libro ese!!! qué vida la de ese hombre de Dios!!!) Como yo venía de acompañar a los internos en la cárcel de Itabuna (Bahia, Brasil), empecé a sentir un "apelo", un llamado de Dios muy grande a visitar la cárcel de mujeres de Kaohsiung que queda muy cerquita de nuestra casa... Claro, había un "pequeño problemita"... no sabía decir ni dos palabras en chino... pero, de puro cara rota y sintiendo el llamado de Dios muy fuerte, con la ayuda de Martha me contacté con la pastoral carcelaria y empecé a participar con Marina en el grupo bíblico que se reúne todos los viernes a las dos de la tarde... Al principio yo no entendía nada de nada... ni una sola palabra de lo que hablaban... y no tenía ningún traductor a mano para preguntar... no les entendía ni a los miembros de la pastoral, ni a las chicas, ni lo que decía la hojita con los textos bíblicos y las preguntas... Y cuando fui aprendiendo en la escuela algunos caracteres chinos me di cuenta de que la mayoría de las veces las chicas compartían en taiwanés, no en chino, porque les resulta más familiar, más cercano, no sé cómo decir... entonces para mí era lo mismo que nada... Muchas veces me sentí muy impotente y me pregunté qué estaba haciendo ahí, qué pensarían las chicas de mi presencia en medio de ellas, y lo que pensarían los miembros de la pastoral (ellas nos llaman catequistas) al darse cuenta de que yo era incapaz de entender y mucho menos de decir nada..., nada más que "hola, como estás?"... mi nombre, mi nacionalidad (haciendo mucho esfuerzo) y "qué calor que hace hoy!!!"… Pero tal vez de cabeza dura que soy, o tal vez porque siempre me sentí llamada por Jesús para estar ahí, o tal vez al ver la sonrisa de las chicas cuando llegábamos y, sin duda ninguna, por el aliento y la fuerza de la oración de tantos que me sostiene todos los días, seguí yendo, sin faltar un solo viernes... Después de casi un año y medio de estar estudiando el chino y diez meses de "participar" todos los viernes en el grupo bíblico de la cárcel (en el grupo son unas 25 chicas, digo chicas porque la mayoría son jóvenes... son "simpatizantes" de la religión católica o de iglesias evangelistas, sólo hay cuatro que son bautizadas, sentadas en cuatro pequeños grupos), los catequistas me pidieron si yo también podía empezar a escribir en el cuaderno que las chicas nos entregan cada viernes con alguna inquietud o comentario que ellas quieren compartir... Con temor y temblor se lo propuse a mi profesora de chino, le dije que si ella me ayudaba yo aceptaba el desafío... porque para mí eso era misión completamente imposible... mi profe tiene una sensibilidad muy grande hacia todo lo que es de Dios y dijo sí... y así empezó esta segunda gran locura de Dios... los martes cuando voy a clases le muestro a la profe el cuaderno que "me tocó en suerte", ella me lee lo que la chica escribió (hay cientos de caracteres chinos que todavía no conozco, cientos que no entiendo por la forma en que están escritos y algunos pocos que, aunque los conozco, no tengo idea de lo que significan cuando están delante o detrás de otros... el chino no es nada sencillo, "el chino se las trae", como siempre me dice Martha...), la profe entonces me explica medio en chino, medio en inglés (ella no sabe hablar español y mi inglés es casi nulo) lo que la chica quiso expresar y después las dos en casa, con "corazón de pies descalzos" "pensamos" cómo podemos responder a la inquietud de nuestra hermana... y ahí viene nuestra sorpresa cuando al otro día nos volvemos a juntar y nos damos cuenta que Dios es mucho más grande de lo que podemos imaginarnos... después que compartimos (muchas veces yo con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta), la profe me ayuda a poner por escrito en chino lo que nos parece "más apropiado", me explica el significado de los caracteres que todavia no conozco, me enseña cómo dibujarlos y se sorprende conmigo al descubrir que el "trocito de la Biblia" que llevé para escribir al final viene como anillo al dedo por obra y gracia del Espiritu Santo... es el Espíritu, la Ruah... no hay dudas... mi profe no es católica, una de sus mejores amigas es pastora de una iglesia evangélica y la otra budista, pero ella me cuenta que después de leer el cuaderno, cuando a la noche llega a su casa, agarra la cruz y le pide a Dios que le diga cómo podemos responder... a veces ella me dice que se siente impotente porque no conoce personalmente a las chicas, entonces yo la animo... a veces yo me siento impotente porque no entiendo nada del chino ni lo que ellas comparten en los encuentros, entonces ella me anima... Pero... lo que escribimos... les llega al corazón de las chicas? eso sólo Jesús lo sabe... pero nosotras comprendimos que sólo queremos ser instrumentos de su misericordia y de su compasión y creemos que él puede obrar maravillas en la pequeñez de sus servidoras... y cada día nos damos cuenta que, en realidad, las más agraciadas somos nosotras, que podemos descubrir, palpar, la locura de este Dios que ama entrañablemente a sus hijas y no quiere que ni una sóla de ellas se pierda... Somos conscientes de que es difícil, porque el 98 % de las chicas está ahí por droga, pero sabemos que nada, absolutamente nada, es imposible para Dios... Marisa Martínez, Hna. MAR |
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