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Aquí estoy… Es el canto que quiero elevar al Señor de la vida.
Aquí estoy… Canto de acción de gracias por la experiencia que he vivido, para mi ha sido un tiempo de gracia, tiempo de volver a nacer, una renovación en la que he podido sentir “que todo lo puedo en aquel que me conforta”. Quisiera compartir un poco lo que ha sido para mí estos cuatro años vividos en Taiwán. Cuando salí de Colombia rumbo a Taiwán vinieron a mi, miles de tentaciones, entre ellas el miedo de no poderme adaptar, el temor de no poder aprender el idioma mandarín y como el miedo es el que hace que nos tullamos y no actuemos, me comencé a decir: Yo viviré en Taiwán 30 años, luego pensé, no pero, al regresar ya nadie me conocerá, quizá muchos de mi familia ya han muerto…, mejor sólo 20 años, o bueno 10 estaría bien, sin conocer los designios de Dios sobre mi vida. Al hacerme consciente de mis pensamientos, y que el miedo me quitaba la libertad de disfrutar el vuelo, sentí vergüenza, y comencé a orar y a pedirle al Señor que me enseñará a amar a las personar que podría encontrar, amar a las personas con las que tendría que compartir mi vida, que alejara de mi la zozobra, que me diera el don de lenguas para aprender el chino mandarín. Sentí vergüenza al recordar las veces en que con tanta insistencia le pedía al Señor que me llevará a China; y preciso cuando el con tanta generosidad respondía a mis ruegos ya me echaba atrás. Cuando llegue a Taiwán, no podía creer que ya estaba en la tierra de mis añoranzas, además que el cansancio de 37 horas entre vuelo y espera en los aeropuertos ya había hecho su parte. Me sentía débil, y a eso se sumaba la angustia que sentía al llegar y ver que el tiempo pasaba y nadie llegaba a encontrarme, creía que estaba en otro lugar, que había tomado el vuelo equivocado así pasaron 4 horas, luego vino la alegría de ver llegar a mis hermanas. (Por cosas quizá de la aerolínea yo llegué al aeropuerto nacional, mientras las hermanas me esperaban en el internacional, como era obvio). Después de los abrazos y risas fuimos a la casa, lo primero que sentí al llegar a casa, fue un olor que no se describir, (siempre que llego a un lugar lo primero que identifico en el es el olor en cada ciudad, y lugares diferente). Mis primeros pasos en el estudio del Chino Mandarín. Un recuerdo algo divertido, dado el esfuerzo que hacían las maestras para que yo entendiera, pues al no hablar Ingles, limitaba un poco el aprendizaje. Tuve una profesora que usando el cuerpo hacia cada gesto, que yo me reía de ella internamente, y para verla actuar le decía que no había entendido, al pasar el tiempo y decirle como me reía de ella, me dijo que oraría por mi, para que Dios me perdonara. El estudiar los tonos y la pronunciación, también fue algo que disfruté, pues en mi estaba el deseo de aprender rápido, al principio le enseñan a uno a decir una palabras que no sabes que es, algunas suenan muy chistosas, otras cuestan pronunciarlas, y al terminar las horas de clase, estaba cansada en la quijada y la garganta, de tanto esfuerzo. Cuando aprendí las primeras palabras, estaba atenta para ver si la gente las usaba con frecuencia; con el paso del tiempo, comencé a entender, pero, no podía expresar lo que quería, o no me sentía segura para hablar, el temor siempre es el no decir los tonos correctamente, ya que eso cambia el sentido de lo que se desea decir. Viví momentos de gran satisfacción cuando podía sostener un diálogo con las personas, o comprar algo, el ir al banco y poder hacer sola las vueltas, atender al teléfono y entender lo que la persona al otro lado decía. Al cabo de los dos años ya entendía bastante, pero la lengua no se soltaba, a veces al hablar la gente no entendía lo que decía, y como el estudio de todo idioma tiene sus altos y bajos, llegó una etapa, en la que parecía que había olvidado el vocabulario, pero curiosamente entendía, fue una confusión mental, en la que hasta el español no salía con fluidez, sino que las palabras se iban. Me dio impaciencia, pero gracias a las personas que estaban a mi lado lo logré superar. La relación con las profesoras ha sido de mucha cercanía, fraternidad, y ayuda mutua, ellas en el idioma, y yo en la escucha, en el ser amiga, como me lo dijo un día el Padre Piérola, “hermana, la mejor forma de evangelizar aquí es hacer que la gente te vea como una hermana, como una amiga”. Creo que seguí su consejo, y por ello agradezco. En esta experiencia, Dios me ha dado la oportunidad de conocer y compartir con mucha gente de diferentes credos y religiones, y con todas ella llevar una relación de mucho respeto y aceptación, pues al instituto llegan misioneros de muchas partes, y diversas lenguas, cosa que no es impedimento para la relación, pues todos venimos aquí con el mismo fin; dar solo a Dios el honor y la gloria, y hacer que su nombre llegue a todo aquel, que quiera abrir su corazón al mensaje de amor que el nos envía. En la vida parroquial, he tratado de participar en las diversas actividades que se realizan, en unos desde el principio, como ha sido la oración al sagrado Corazón de Jesús todos los primeros viernes del mes, el mes Mariano, y otros a medida que iba aprendiendo el idioma me iba integrando, como por ejemplo, formar parte del consejo parroquial, asistir a ensayos de cantos, grupo de Biblia, y el dar la catequesis a los niños de primera comunión. La verdad que considero que el venir aquí ha sido en todo, un enriquecer mi vida; Primero como personas; pues he tenido la oportunidad de aprender de otra cultura, de ver otra realidad, de adquirir nuevos conocimientos, asumir nuevas costumbres. Como religiosa: he vivido tratando de responder a la diaria llamada del Señor de servir y amar, a todos, porque todos son sus hijos, de no ahorrar palabras para hablar de El a tiempo y destiempo. Hubiese querido hacer más, pero el lenguaje hace que la misión, se límite, aunque aún en esto aprendí que las mejores palabras son las actitudes, la sonrisa, la disponibilidad, pero sobre todo aprendí que para ser misionera no son necesarias muchas palabras, sino el testimonio de vida, y que un misionero solo lo es en la medida que vive su encuentro diario con el Señor en la oración. Él, es la fuente donde se haya respuesta a los interrogantes; Él, es quien hace posible que se camine en medio de las dudas y los temores; Él es la única fuente en la que se encuentra consuelo en medio de las incomprensiones. Y que cuando todo parece que no tiene sentido, sólo Él, y nadie más que Él, da sentido, a lo absurdo, solo Él, llena el vacío. Ahora el Señor me quiere de regreso a mi patria, y como le dije a nuestra superiora general el día que me pidió volver a Colombia: Vine contenta a servir al Señor, y vuelvo contenta, aunque con lágrimas en los ojos de tener que decir adiós, a las personas, de dejar esta tierra a la cual ya he amado mucho antes de venir, pero con la total disponibilidad de estar allí donde El me quiere que le sirva”. Ahora solo me queda dar las gracias a la Congregación por esta oportunidad que me ha brindado, por las oraciones de todas y cada una de mis hermanas.Gracias a mis hermanas de Comunidad, por su comprensión, por ayudarme a vivir cada momento, por todos los momentos compartidos. Dios las bendiga. Sandra L. |