LECTIO DIVINA, XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – 01 DE JULIO

LECTIO DIVINA, XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO – 01 DE JULIO

TU FE TE HA SALVADO

LA MUJER ENFERMA Y LA HIJA DE JAIRO

Que tu Espíritu Señor, nos haga comprender tus Sagradas Escrituras

 

EL TEXTO

+ Evangelio de san Marcos 5, 21-43

Lo leemos atentamente. Nos fijamos en los personajes, en sus acciones.

1. ¿QUÉ DICE EL TEXTO?

Nos ayudamos de algún comentarista.

Mientras los gerasenos piden a Jesús salir de su territorio (v.17), el jefe le suplica entrar en su casa. Jairo representa a los miembros de las autoridades religiosas que reconocen que su institución ha perdido el horizonte de la vida y van a buscarla en Jesús, que no solo la tiene sino que la da  en abundancia. La ley sin el horizonte de la vida pierde sentido, por eso ni Jairo ni la mujer dudan en violarla; el primero cuando se acerca al hombre que sus colegas han excomulgado por hereje, y la mujer con hemorragia, cuando toca a Jesús, algo prohibido estrictamente por la ley (Lv. 15,19-31).

La mujer trata de ocultar el milagro ante la multitud, porque sabe que podrían maltratarla al enterarse que estando impura ha permanecido entre ellos. Jesús, sin embargo, la hace visible y felicita a la mujer porque ha comprendido la fe como una fuerza de vida que la libera de doce años de muerte y de marginación.

La hija de Jairo también  muere después de doce años de vida. La fe de Jairo hace que Jesús retome el camino hacia su casa. La multitud no es invitada a entrar porque con su risa manifiestan su falta de fe (cf. Gn 17,17; 18,12). La fe del jefe de la sinagoga, unida al amor de Jesús por la vida, permite a la niña levantarse de la muerte. El hecho de que la niña comience a caminar es un signo de libertad en cuanto tiene la posibilidad de comenzar un nuevo camino. Tanto la mujer como la niña simbolizan el antiguo pueblo de Dios (12 tribus) esclavizado por leyes de muerte, que es invitado a convertirse en el nuevo pueblo de Dios regido por la vida.

2. ¿QUÉ ME DICE EL TEXTO?

Vuelvo sobre el texto. Leo y releo y entro a la Palabra con el Espíritu de Jesús resucitado para que me de conocimiento interno de su mensaje para mi vida.

Me fijo en Jesús:

Siempre disponible para atender a los hijos de su Padre, sus hermanos. Rodeado de la multitud. Siempre atrayendo gente como un imán; es su manera de ser, de amar, de proceder, de sanar, de acercarse, de entregarse la que cautiva, la que me cautiva. ¿De dónde saca tanta fuerza, tanta libertad, serenidad? A la orilla del lago, después del agite, se sienta a contemplar. Es un Jesús siempre con el corazón el alto, hacia el Padre. El se deja tocar por Jairo, que se postra ante sus pies, por la mujer enferma y no elude a ninguno. El Dios de la misericordia se hace todo para el que carece y le pide y se lo da sin medida. Un Jesús misionero que me invita a vivir para El, ser para El y trabajar para su Reino. Con Él crecemos en libertad, nos hacemos plenos. Su opción de vida es la mía, pero ¿hasta dónde estoy dispuesta a dar? ¿Creo en El y lo busco como la multitud, como Jairo o la hemorroísa? Sólo cuando experimento la vida verdadera es que ya no puedo buscar otra fuente sino la que El me da. Vete, tu fe te ha salvado, es el imperativo categórico de un Dios que libera y nos da la plena libertad.

Me fijo en Jairo

Su sola frase:Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva» es un despertador para medir la fe de un hombre que ya no tiene nada que perder porque ha perdido lo más grande de su vida. Pero aún así, le queda la esperanza porque ha oído de Jesús, dador de vida. Un hombre que ama la vida, tiene que transgredir la ley para recuperarla. Eso nos pasa a cada uno de nosotros; el amor es nuestro peso dice san Agustín. El amor es la fuerza misteriosa que levanta muertos, que lucha ante lo imposible, cuando ve un rayo de luz en el horizonte como lo vio Jairo. Jairo se humilla ante su pueblo porque accede a manifestar su fe en Jesús que ha sido excomulgado por sus jefes. ¡¡Dios mío, que fe tan arriesgada!!! ¿Será mi fe así, o me sigo midiendo por el qué dirán y entonces me anquiloso en el mar de la muerte, de la comodidad, del sin sentido? No!!, Jairo es un hombre de fe y por ella le llega la Vida: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate! Jesús nos vuelve a liberar continuamente, cada vez que me humillo y no me resisto a su voluntad de salvarme con las órdenes que me da para que salga de mis esclavitudes, de mis vicios, de mis miedos.

Me fijo en la mujer hemorroísa

San Agustín tiene una hermosa reflexión sobre este milagro. La multitud apretuja a Jesús pero el Señor no se entera. Sin embargo, la fe de la mujer es la que toca a Jesús y de allí se desprende el milagro. Tocar con la fe no es apretujar. ¿Cuando toco yo con la fe? Estos días nos lo decía la palabra, no se trata de decir Señor, Señor; esto sería una oración vacía. Más bien, es tocar con la fe a Jesús, es decir, que mi vida esté tan unida a Él, que me permita entrar en el misterio y en la identificación con su persona. Es un creer con el  corazón. Lo que es imposible a los ojos humanos es posible a Dios.

3. ¿QUÉ ME HACE DECIRLE A DIOS?

Quiero elevarte mi plegaria Señor:

Ante esta Palabra de hoy quiero pedirte la fe de Jairo y la fe de la mujer hemorroísa.

A todas nosotras, las misioneras agustinas recoletas, danos una fe tan grande que sane nuestras heridas, nos dé capacidad de riesgo para sabernos siempre en tus manos y en tu providencia y nos levante de nuestras esclavitudes, a fin de que, podamos vivir tocándote en el profundo misterio de la Eucaristía, de la comunidad, de tu Palabra discernida cada día, y podamos ser testimonio fehaciente de un Dios misericordioso que se da sin medida.

SAN AGUSTÍN COMENTA

Marcos 5, 21-43: ¡Qué tocar! ¡Qué creer! ¡Qué exigir!

(…). Caminemos para tocarlo. Así lo tocó la que padecía flujo de sangre. ¡Qué fe tenía para decirle el Señor: «Descúbrete y manifiéstate a la muchedumbre; obtén la alabanza de quien has obtenido ya la salud»! Vete, hija; tu fe te ha salvado; vete en paz. Si preguntas por esa fe, escucha. Dijo en su corazón: Si tocare la orla de su vestido, seré sana. La tocó para que se realizase lo que creía, no para probar aquello en que no creía. Entonces el Señor le pregunta, diciendo: ¿Quién me ha tocado?¿Ignoras, pues, Señor, quién te ha tocado? ¿Conoces los pensamientos y preguntas por las acciones? ¿Qué significa: Quién me ha tocado? Voy a mostraros quién me ha tocado: la fe me ha tocado; ella consiguió con su tacto que saliera de mí el poder. (…)

Sermón 375 C, 5-6

Oración

Dios nuestro, que por la gracia de la adopción
quisiste hacernos hijos de la luz;
concédenos que no seamos envueltos en las tinieblas del error,
sino que permanezcamos siempre en el esplendor de la verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.