Interioridad

Interioridad

Nuestra vida consagrada Misionera Agustina Recoleta “hace presente continuamente en la Iglesia, por impulso del Espíritu Santo, la forma de vida que Jesús, supremo consagrado y misionero del Padre para su Reino, abrazó y propuso a los discípulos que le seguían” (VC 22). Experimentamos la  alegría de haber sido llamadas para “estar con Él”  (Mc 3,14) por quien  hemos dejado todo. 

La interioridad como: 

  • Respuesta a una sociedad sin trascendencia, sin fe el Dios de Jesús,  con nuevos ídolos y con una visión secularista de la realidad.
  • Oferta a esa misma sociedad, de una manera alternativa de vivir, fundamentada en la experiencia de Dios, alimentada en la Palabra y en la Eucaristía, reconstruida en el perdón y en la reconciliación, fiel a la llamada y a la Alianza, atenta a los acontecimientos de la historia y a los pobres del camino. 
  • Actitud de quien vive en proceso para descubrir al Maestro interior, para entrar en contacto con Él, para llegar a la Verdad, para tener una mirada contemplativa que permita ver a Dios en la historia y en los hermanos y para que lance a la acción.
  • Expresión de que Dios es nuestro Absoluto y esto da la alegría verdadera.
  • Talante de vida  que requiere fortalecer:

Ser siempre buscadoras apasionadas de Dios.

Valorar lo que el Espíritu realiza en cada una y dejarnos transformar por El.

Priorizar el tiempo para la oración personal y comunitaria.

Alimentarnos de la  Eucaristía, misterio de amor, signo de unidad y vínculo de caridad (Cfr. CC 44) para fomentar la espiritualidad de la comunión y la fraternidad con todos  los hombres.

Ejercitarnos en la lectura orante de la Palabra (vía maestra para la búsqueda de Dios), en el silencio, en la contemplación y meditación para descubrir la presencia de Dios en la realidad y  llevar a la práctica lo que el Espíritu va suscitando.

Tener a  María, Madre de la Consolación,  presente en nuestra comunidad orante, como modelo de fidelidad en la oración, consuelo y esperanza  en nuestra vida y estímulo en la actividad misionera.

Interiorizar y vivir la riqueza  que se encuentra en nuestros documentos congregaciones.