Símbolos

Escudo de la congregación

Legado de monseñor Ochoa, donde dejó consignada su pasión dominante: SOLI DEO HONOR ET GLORIA, que traducido al español significa: A Dios sean dados todo honor y toda gloria. En la faja central del escudo aparecen los grandes “amores” de su vida: los Corazones de Jesús, María y  Agustín.

Nuestro fundador  deseaba que en el escudo se encontrara en síntesis lo que debía ser toda misionera agustina recoleta. Una mujer inocente, a ejemplo de la Virgen María, o arrepentida y penitente como lo fue nuestro gran padre San Agustín. El consideraba que para el caso era lo mismo, ya que por donde quiera que se empezara, por la inocencia o por la penitencia, siempre se irá a parar a nuestro centro, al divino Corazón de Jesús, el cual se complace tanto con la inocencia, como con la amorosa penitencia, hasta llegar a fundirse en su volcán ardiente de amor.

Y para que esto sea posible necesitará dirigir su vista unas veces al sagrario, y otras mirará a la cruz, a su crucifijo, pero siempre fija en su centro y punto de apoyo, en ese Corazón que sabe ser siempre una y la misma cosa con el suyo.

Himno de la congregación

Con motivo del primer centenario del nacimiento de nuestro fundador  y al celebrarse el cuarto centenario de la recolección agustiniana en el año 1989, el gobierno general, entre otras celebraciones a realizarse por este motivo, decide la creación de un himno de la congregación. Se invita a las hermanas que puedan hacerlo, también a algunos sacerdotes y a nuestros hermanos agustinos recoletos. Se escogió, entre varios, una letra del P. Fernando Toribio y la música que hizo el P. Félix Remón, ambos agustinos recoletos.

HIMNO

Coro

Sólo a Dios honor y gloria
es la meta por alcanzar
y la pluma de nuestra historia
escribe este caminar.

Sólo Dios movió la obra
de nuestra consagración
en la vida misionera
agustina en el amor.

Sólo a Dios el gozo asoma
comunitario en su unión:
nuestras vidas se transforman
en un solo corazón.

Disponibles por el Reino,
misionera en su acción,
agustina en su persona,
recoleta en su interior.

Nuestra vida la ofrecemos
arrodillando el amor
en la oración que desborda
Gloria y honor solo a Dios,
Gloria y honor solo a Dios.